Asesinos en serie artistas (I)

Se conoce como murderabilia al coleccionismo de objetos relacionados con asesinos en serie, sus víctimas o las escenas del crimen: ropa, objetos personales, las armas que usaron para cometer sus crímenes, cartas, documentos relacionados con la investigación o dibujos y pinturas creados por el asesino. El término fue acuñado por Andy Cahan, director de la Oficina de Víctimas del Crimen en Houston. Consciente de la existencia de un mercado alegal de todo tipo de objetos relacionados con asesinos en serie que se subastan en internet, Cahan ha luchado por la prohibición de este mercado. De momento lo ha conseguido en Texas, California, Nueva Jersey, Michigan y Utah. Pero existen páginas web radicadas en sitios a donde las leyes americanas no llegan, y a través de las cuales puede comprarse todo tipo de objetos por sumas que llegan a alcanzar cinco cifras.

La mayoría de las veces son los propios asesinos –en caso de que aún estén vivos- quienes promueven este tipo de mercado desde la cárcel, pues son conscientes de la fascinación que ejercen fuera de ellas y a nadie le vienen mal unos durillos para poder pillar tabaco en el trullo.

Uno de los mayores coleccionistas de murderabilia es Tod Bohannon, propietario de murderaution.com, quien afirma con brillante clarividencia que “lo bizarro mola”. Por bizarro nuestro amigo se refiere al coleccionismo de objetos como anuncios de modelos, alterados con símbolos satánicos y salpicados con fluidos corporales, dibujos gore, uñas, mechones de pelo o huellas de pies y manos marcadas con mierda sobre el papel. Basura, vaya, pero creada por pies y manos muy especiales.

Ejemplo de murderabilia, mechón de pelo de Charles Manson, subastado por miles de dólares.

Ejemplo de murderabilia, mechón de pelo de Charles Manson, subastado por miles de dólares.

La motivación para este tipo de coleccionismo macabro va desde la admiración al deseo morboso de acercarse físicamente al psicópata. Pero mientras muchos asesinos han alimentado este mercado con objetos de lo más vulgar, otros están dotados de una sensibilidad “especial” y han creado sus propios dibujos y pinturas. Muy pocas de estas obras han visto la luz, y menos aún han salido a la venta. Aun así, hemos podido rescatar varios ejemplos. Esta es la primera de dos entregas dedicadas a asesinos en serie que, una vez les hubieron arrebatado sus cuchillos y rifles, agarraron los pinceles para seguir asesinando lienzos.

John Wayne Gacy (17 de marzo de 1942 – 10 de mayo de 1994), aka. el payaso asesino.

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Entre 1972 y 1978 mató y violó a 33 hombres de edades comprendidas entre los 14 y 40 años. El sobrenombre de payaso asesino le vino a Gwayne Gacy después de saberse que realizaba servicios sociales en fiestas y eventos públicos vestido de payaso. De niño sufrió maltrato por su padre y abusos por compañeros de escuela. Siempre trató de ocultar su homosexualidad. Se casó dos veces y tuvo una hija. Declaró haber asesinado por primera vez en enero de 1972, cuando al clavar el cuchillo en el cuerpo de un joven y ver como la sangre brotaba del cuerpo, sintió una “fuerte excitación”.

John Gwayne Gacy: Calavera de desnudos.

Durante su carrera como asesino, Wayne Gacy fue un activo miembro del partido Demócrata y llegó a fotografiarse con la primera dama Rosalyn Carter, en uno de los hechos más sonrojantes para los servicios secretos americanos. La foto se descubrió durante el registro de su casa, en cuyo patio aparecieron 28 de los 33 cadáveres:

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En 1978 fue detenido y en 1980 condenado a muerte, sentencia que se cumplió en 1994 cuando fue ejecutado por inyección letal.

Durante los 14 años que pasó en el corredor de la muerte, Wayne Gacy pintó al óleo. Le gustaba autorretratarse como Pogo el payaso (1), su alter ego. También pintó algunas escenas de Blancanieves y los 7 enanitos (2). Sin embargo, sus piezas más conocidas son los retratos que pintó de otros personajes, como Jeffrey Dahmer -el Carnicero de Milwakee-, Glen Meadmore –artista canadiense conocido por ser el máximo exponente mundial de la escena gay punk cristiana (3) o su célebre retrato de GG Allin (4), con quien trabó amistad durante su estancia en prisión. Gente como Danny Filth (cantante de la banda Cradle of Filth) o el director de cine John Waters poseen obra de Wayne Gacy. Este último la tiene colgada en la habitación de las visitas de su casa para que –en palabras de Waters-, “no se queden mucho tiempo”.

 

 Henry Lee Lucas (Virginia, 23 de agosto de 1936 – Texas, 13 de marzo de 2001).

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Probablemente el peor asesino en serie de la historia norteamericana, Lee Lucas confesó haber matado a unas 900 personas entre 1970 y principios de los 80, cuando fue detenido. Tuvo una infancia infernal, en una casa en la que el abuso de alcohol y los maltratos eran pura rutina. Su madre era prostituta y su padre un ex marine alcohólico lisiado tras la guerra. Ya de niño, Henricito practicaba sexo con animales a los que luego mataba. Sexo y muerte se convirtieron así en los patrones que guiarían su vida. En 1950, tras la muerte de su padre, escapó de casa, a donde solo regresó 9 años después para matar a su madre. Vivía en la carretera I-35, asesinando, mutilando cadáveres y practicando sexo con ellos. En la carretera conoció a Ottis Toole, con quien estableció relaciones –de amistad, sexuales y como socio en su carrera de asesino-. A ellos se les unió más tarde Becky Powell, de 15 años, -la típica niña simpática- sobrina de Toole, quien actuaba de cebo para las víctimas. Juntos violaron, mataron, torturaron, incendiaron y sembraron el pánico hasta que Henry, cansando de matar, confesó todos sus crímenes. Henry Lee murió en su celda, en 2001, por causas naturales. Como podemos ver, su arte es bastante coherente, más que el de John Wayne Gacy, diría yo.

 

Keith Hunter Jesperson (6 de abril de 1955), también conocido como El asesino del rostro feliz o el asesino del smiley.

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Fue el responsable de no menos de 8 asesinatos de mujeres entre 1990 y 1995. Posee una biografía temprana bastante similar a la de Henry Lee Lucas: terrible entorno familiar con alcohol y maltratos y burlas continuas en la escuela debido a su enorme estatura –un buen bully no le tiene miedo a nada-. Keicito también se dedicó a torturar animales desde bien temprano, lo que parece ser un patrón en la infancia de los asesinos en serie, aunque también intentó asesinar a alguno de sus bullies; bien hecho, Keicito. Tras un matrimonio de 15 años, 3 hijos y un empleo de camionero, en 1990, con 35 años, comenzó a matar. Debido a la torpeza de la policía, que no era capaz de relacionar los asesinatos, Hunter Jesperson comenzó a darles una ayudita enviando cartas anónimas al FBI y a los medios de comunicación autoinculpándose por los crímenes, firmadas todas ellas con un smiley.

keith_hunter_jesperson_2Tras asesinar a una antigua novia, la policía –finalmente- dio con la pista del asesino y en 1995 fue detenido, juzgado y condenado a cadena perpetua en una prisión federal. Desde allí ha pintado paisajes idílicos con un más que discutible sentido del color pero una técnica que –eso sí- algún otro quisiera para él. Sí Barceló, nos referimos a ti.

 

Herbert Mullin. También conocido como “el asesino hippie”.

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Pese a su mote, se tomó su cometido con rectitud y disciplina: Mullin mató a 13 personas entre octubre de 1972 a febrero de 1973, un intervalo de solo cuatro meses. Al contrario que el resto de asesinos que hemos visto, Mullin no tuvo una infancia especialmente complicada. Al parecer, el origen de su mala conducta fueron las voces que escuchaba en su cabeza desde pequeño. Mullin había nacido en el aniversario del terremoto de San Francisco de 1906, a lo que nuestro melenudo amigo dio mucha importancia durante toda su vida.

Dibujo de Mullin en el que representa sus predicción del terremoto.

Dibujo de Mullin en el que representa su predicción del terremoto.

En 1972, cuando su esquizofrenia paranoide ya se manifestaba de manera clara, acelerada por el consumo reiterado de cannabis, LSD y anfetaminas, Mullin empezó a escuchar voces dentro de su cabeza que le avisaban de que un gran terremoto era inminente y él era el único que podía evitarlo, pero para ello debía asesinar a gente. Como la guerra de Vietnam había producido suficientes muertes americanas hasta ese momento, Herbito sentía que la población estaba segura, pero a partir de 1972 la falsa paz alcanzada en Vietnam redujo drásticamente ese número y Mullin decidió tomar cartas en el asunto. Armado con un cuchillo, un bate de béisbol y un arma corta, fue matando a conocidos. Como todos ellos tenían algún pequeño antecedente por trapicheo de drogas, la policía -muy hábilmente de nuevo-, relacionó los asesinatos con el narcotráfico. Mullin tuvo que matar a su última víctima en mitad de la calle, frente a decenas de testigos y disparando con un rifle apoyado en el capo de su coche, para que la policía le detuviese. Poco después, confesó todos sus crímenes.

En Agosto de 1973 fue condenado a cadena perpetua. Desde la cárcel de Mule Creek, California, Mullin ha pintado paisajes azulados en los que las montañas y accidentes geográficos son los protagonistas.

 

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