La exposición más visitada de la historia

Gente concentrada alrededor de la entrada a la exposición.

Tras varios años de contínuos robos, expolio derivado de guerras e invasiones y definitiva banalización y prostitución de la obra de arte provocada por el mercantilismo, la especulación y las ferias de arte, creo que el hallazgo de casi un millar de pinturas en Múnich es sin duda la mejor noticia que nos hemos llevado los historiadores del arte en lo que va de siglo.

Muchos habrán leído ya la increíble historia, un viejo de ochenta años guardaba una ingente cantidad de obras de arte –al parecer de manera bastante ordenada- que se creían desaparecidas en los bombardeos aliados de Dresde, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Fue Hildebrandt Gurlitt, padre de Cornelius Gurlitt -el recientemente fallecido guardian de las obras-, quien contó esta mentira al ser preguntado por las autoridades tras el fin de la guerra, seguramente por miedo a que todas ellas le fueran requisadas. A fin de cuentas, y a pesar de que él mismo no fuera miembro del partido nazi, sí que se hizo con muchas piezas que habían sido confiscadas por ellos. ¿Cómo? aún no se sabe, pero los primeros indicios apuntan a que por su gran cantidad de contactos, los nazis le contrataron para que se hiciese con la mayor cantidad de obras de arte posible, comprándolas a precio de saldo a judíos que necesitaban salir de Alemania a toda costa. Si esto es cierto y las obras no fueron requisadas, es posible que el anciano de Múnich sea el propietario legal de la mayoría de ellas.

Pero el de Múnich no es el primer hallazgo. En Otoño de 2010, durante las obras de ampliación del suburbano frente al ayuntamiento de Berlín, fueron encontradas once esculturas en lo que antaño fue un pequeño almacén subterráneo destruido al final de la Segunda Guerra Mundial. Después se comprobó que las esculturas procedían de la exposición Entartete Kunst, “Arte Degenerado”, organizada por los nazis para escarnio público del arte contemporáneo.

¿Pero qué es el arte degenerado? Fue el arte que sufrió la purga nazi, el último representante del arte moderno en Alemania anterior a la II Guerra Mundial, el testigo y también víctima del destino que también compartieron artistas y directores de museos. A todos ellos les tocó vivir la etapa más oscura de la historia del arte alemán.

«Toda obra de naturaleza cosmopolita o bolchevique

debe ser retirada de los museos y colecciones alemanas,

debiendo ser primero mostrada al público,

para que se conozcan los detalles de su adquisición,

y después, incinerada».

Informe sobre arte alemán, 1933.

Una reflexión en perspectiva: Algunos defienden que el retorno a la práctica pictórica en Alemania a partir de los años sesenta del pasado siglo puede explicarse por el deseo de recuperar el lenguaje artístico que en su día había representado la «verdadera» identidad cultural moderna alemana y usarlo como antídoto del nacionalsocialismo. Tampoco sería extraño que esa recuperación se enmarcara en un deseo de revivir el proceso patriótico de unificación cultural que había comenzado en 1871 y que culminó precisamente con la aparición del Expresionismo a principios del siglo XX.

Que el arte interprete con cierta libertad determinados episodios de la historia no debe sorprendernos; puede considerarse hasta legítimo si esta interpretación alterada se hacía en pos de recuperar elementos de la identidad cultural. Pero el hecho es que la pintura expresionista alemana se erigió originalmente –en base a su espiritualidad y a los motivos que la inspiraban– como representante de un cierto sentimiento de anti modernidad presente en la Alemania de comienzos del XX, que temía el impacto de la industrialización, el abandono del campo y los efectos del capitalismo y del liberalismo político en la cultura tradicional. El Expresionismo había sido un acontecimiento artístico de carácter nacional de vital importancia para el arte europeo, y es en ese sentido en el que hay que comprender su recuperación tras la Segunda Guerra Mundial y el nazismo.

george-baselitz-epa

Georg Baselitz, leyenda viva del neo expresionismo alemán

el retorno a la práctica pictórica en Alemania a partir de los años sesenta del pasado siglo puede explicarse por el deseo de recuperar el lenguaje artístico que en su día había representado la «verdadera» identidad cultural moderna alemana y usarlo como antídoto del nacionalsocialismo

Si el retomar desde una óptica moderna el estilo que dio nombre a la primera vanguardia alemana pudo ser considerado como un homenaje a sus maestros e impulsores, no puede ser menos visto como la asunción de culpa del artista alemán por el destino de su país a manos de los nazis. En efecto, el Neoexpresionismo es una muestra de respeto hacia la pintura alemana de vanguardia y a su contribución como elemento –en base a los valores que fuera– configurador de la identidad nacional. Pero también es un ajuste de cuentas con los que en su día –en base a otros valores diferentes–  intentaron acabar con ella.

Hitler-und-Goebbels-in-Ausstellung-Entartete-Kunst-

Hitler y Goebbels visitando la exposición “Arte Degenerado”. 1937.

En 1933, cuando los nazis llegaron al poder, las diferencias entre los diferentes lenguajes artísticos que representaban la realidad cultural alemana de las dos primeras décadas de siglo –Expresionismo, abstracción, Dadaísmo, Nueva Objetividad, etc.se resolvieran con la erradicación de todas ellas. El proyecto político fallido de la República de Weimar acabo con la llegada de Adolf Hitler al poder. Fue a partir de ese momento cuando las discusiones estéticas que giraban en torno a la modernidad dejaron de importar, pues cualquier elemento que representara “ese” tipo de modernidad sería eliminado. Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, declaró:

«Nosotros no somos anti modernos, somos portadores de un nuevo tipo de modernidad, no solo en política y materia social, sino en el arte y materia intelectual».

Las directrices fueron claras: la discusión en torno a las intenciones, temas o fuentes de inspiración había dejado de importar. No era el motivo lo que desagradaba al régimen. Era más bien quién lo pintaba y cómo lo pintaba.

heartfield

Hitler, traga oro y suelta chatarra (1930s), James Heartfield.

La base ideológica de tal actitud ante el arte moderno debemos buscarla en la interpretación de cierto número de obras escritas desde la unificación alemana en 1871 influidas a su vez por la obra de Charles Darwin, en concreto, El origen del hombre, publicada precisamente ese mismo año. Entre esas obras figuran Entartung (Degeneración), de Max Nordau, escrita en 1892, quien se esfuerza en demostrar la superioridad de la cultura alemana y alude con el título a la degeneración del hombre moderno, asociando esta degeneración a las enfermedades mentales que sufrieron intelectuales como Friedrich Nietzsche. Más adelante, en 1928, el arquitecto Paul Schultze-Naumburg publicó Kunst und Rasse (Arte y raza), quien ya usó el término «degenerado» para referirse al arte moderno, mezclando en su libro fotos de personas con defectos físicos y psíquicos con obras de arte moderno cubistas o expresionistas, sugiriendo que los artistas las pintaron tomándolas como modelo.

Imagen extraida del libro "Arte y Raza"

Imagen extraida del libro “Arte y Raza”

Básicamente, estas obras trataban de demostrar de una manera u otra ideas tales como que la deformación de la imagen, la libre interpretación del motivo o el particular uso del color, -características todas ellas del arte moderno-, obedecían a enfermedades o discapacidades psíquicas del artista. Asimismo, estos escritos catalizaban el recelo de sectores nacionalistas del país hacia un arte que veían contaminado por el resto del arte europeo, además de considerarlo excesivamente intelectual, elitista e incomprensible para ellos. A esto había que unir el especial aprecio que el alemán sentía por su tradición artística, que encontró su punto culminante en el Romanticismo, una corriente que explotaba mitos tales como la heroicidad, la valentía ante el destino trágico, el sentimiento de identificación a la tierra etc. que podían encontrarse en la obra de Richard Wagner, Johann Wolfgang von Goethe o los pintores Karl Friedrich Schinkel y Caspar David Friedrich.

 

Durante los años de Weimar, la alta burguesía y la clase militar que luego formaría el grueso del partido nacionalsocialista dirigió sus ataques sobre todo contra los dadaístas berlineses, lo que no es de extrañar: comunistas, pacifistas y anarquistas engrosaban sus filas. En este período de progresivo auge nacionalista de ultraderecha se establecieron grupos como la Deutsche Kunstgesellschaft (Asociación de Arte alemán) y la Kampfbund für Deutsche Kultur (Frente de Lucha por la Cultura Alemana), que propugnaban la existencia de una cultura y un arte exclusivamente alemán, libre de cualquier influencia externa y la lucha común contra la corrupción del arte. Una vez más, pareció obviarse que muchos de los artistas considerados como «anti alemanes» habían participado en la Primera Guerra Mundial, llamados por ideales patrióticos que más tarde rechazarían.

max-beckmann-selbstbildnis-als-krankenpfleger-1915

Max Beckmann, autorretrato como enfermero, 1915

De este modo, y con los nazis ya en el poder, una de las primeras acciones emprendidas por el régimen fue la de establecer las reglas en base a las cuales se llevaría a cabo una purga en el arte contemporáneo alemán y europeo. Se creó la Reichskulturkammer (Cámara de Cultura del Reich), al frente de la cual se situaron Goebbels y Alfred Rosenberg, e inmediatamente comenzaron a ejecutar su cometido. Lo que sigue es una declaración de intenciones publicada en 1933 por el gabinete de Goebbels (traducción inédita):

1. Toda obra de naturaleza cosmopolita o bolchevique debe ser retirada de los museos y colecciones alemanas, debiendo ser primero mostrada al público, para que conozca los detalles de su adquisición, y después, incinerada.

2. Todos los directores de museos que malgastaran dinero público en comprar obra no alemana serán despedidos.

3. Cualquier artista con conexiones marxistas o bolcheviques dejará de ser mencionado de ahora en adelante.

4. Queda prohibido construir edificios «con forma de caja» (una referencia despectiva al modelo de arquitectura usado por la Bauhaus).

5. Toda escultura pública que no sea aprobada por el público alemán será inmediatamente retirada (especialmente la obra de Barlach y Wilhelm Lehmbruck).

Este proceso duró unos cuatro años, durante los cuales se decomisaron de más de cinco mil de obras de arte procedentes de prácticamente todos los museos de Alemania. La mayoría acabaron subastadas, véase la enorme subasta realizada en Lucerna el 10 de Julio de 1939, reducidas a cenizas y colgadas ─irónicamente─ de las paredes de las mansiones de nazis prominentes como Hermann Göring, de quien se sabe que era un voraz coleccionista de arte. También conocemos el caso de Bernhard Böhmer, el Schindler del arte (no hay nada sobre él publicado en castellano). Bernhard Böhmer fue un coleccionista y prominente galerista de arte que amasó su fortuna durante el período nazi. Fue también un gran amante del arte moderno, y sus contactos con las autoridades le permitieron hacerse con innumerables obras de la exposición Entartete Kunst que a su muerte serían encontradas en el sótano de su casa. Hoy en día su colección es el principal atractivo del Museo de Arte Moderno de Rostock.

En 1937, tras haberse completado parte de la purga, algo más de seiscientas piezas de artistas alemanes y europeos de vanguardia fueron seleccionadas para la exposición Entartete Kunst, cuyo delirante montaje (cuadros amontonados, cartelas cargadas de sarcasmo) y concepto fue ideado por el régimen para escarnio de lo que allí se exponía. Desde su inauguración en Múnich y durante los siguientes cuatro meses, la exposición recibió más de dos millones de visitantes, convirtiéndose así en la exposición más visitada de toda la historia alemana. Tal vez porque muchos alemanes concibieran la muestra como una solemne despedida a su arte de vanguardia. Curiosamente, ese mismo año se organizó una exposición de “auténtico arte alemán” como antítesis de la de arte degenerado, que tuvo una tibia acogida por parte del público.

Directores de museos y colecciones de arte fueron despedidos fulminantemente y forzados a permanecer alejados de la práctica profesional. La suerte de los artistas no fue muy diferente: el antiguo club dadaísta al completo ─Grosz, Hausmann, Huelsenbeck, Schwitters, los hermanos Heartfield─ fueron los primeros en abandonar el país. El escultor Ernst Barlach muere en 1938 de un ataque al corazón, tras meses sufriendo el acoso de las autoridades. Ernst Ludwig Kirchner se suicida en Davos ese mismo año. Los expresionistas Beckmann, Ernst, Klee y Kandisky también huyeron. Otros permanecieron la mayor parte del tiempo en Alemania, condenados al ostracismo: a Otto Dix se le prohibió pintar, como a Emild Nolde, Karl Schmitt Rottluff y Willi Baumeister.

No es, pues, exagerado, hablar del fin del arte moderno alemán ─o más bien de la brusca interrupción en su evolución─ coincidiendo con la llegada de los nazis al poder. La purga cultural que llevaron a cabo en el país no tiene precedente alguno en la historia. Por eso, al término de la guerra, y ante el erial en que se había convertido Alemania, cualquier brote nuevo de creación artística habría de venir de la toma de cualquier influencia que pudiera llegar del exterior, en base, sobre todo, a una más que justificable reticencia del artista alemán a fijarse en cualquiera de los “valores germánicos” que hasta la guerra habían sido el hilo conductor de su arte. El horror había sido tan grande que cualquier intento de mostrar lo ocurrido era absurdo. No había más lectura posible de lo ocurrido que la que los propios acontecimientos evidenciaban. El nacionalsocialismo cayó con el fin de la guerra, su derrota significaba por fuerza su desaparición. Sus representantes habían caído, y por lo tanto, poco sentido tenía denunciar nada. Había que partir de cero o retomar el camino allá donde se dejó antes de que comenzara la pesadilla, y los pinceles ayudaron, una vez más, a superar el trauma. Pero esa es otra historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *