Las Meninas

1400px-Las_Meninas,_by_Diego_Velázquez,_from_Prado_in_Google_Earth

Estrenamos la sección Destripando Cuadros destripando el cuadro de los cuadros.

Este en un resumen de todas las aportaciones propias y ajenas al análisis alternativo de las Meninas que propusimos en twitter hace un par de semanas. El formato que hemos desarrollado entre todos se ha revelado como un modo entretenido y efectivo de aportar datos, curiosidades y teorías sobre una de las obras más complejas de la pintura universal. Pese a lo complicado que resulta debatir en twitter, el haberlo hecho sin necesidades de hashtags y prácticamente sin moderar, la cosa ha resultado ser todo un éxito. La verdad, nos lo hemos pasado en grande y repetiremos pronto. Otra cosa es cuando salga publicado, porque, como os hemos podido demostrar en infinidad de ocasiones, somos un auténtico desastre.

Mención y gracias a TODXS los que habéis participado y disculpad si no os hemos insertado, pero hubo tantas menciones que hemos tenido que seleccionar.

De qué va el cuadro.

La primera conclusión es que ante obras del calibre de Las Meninas, el volumen de aspectos a analizar puede ser prácticamente inagotable. Pocas veces un cuadro nos ha hablado de tantas cosas al mismo tiempo. Sin embargo, es bastante razonable afirmar que si hay un tema principal en Las Meninas, un mensaje, es el de la exaltación de la propia pintura. Velázquez buscó y encontró en este cuadro el equilibrio perfecto para poder ‘camuflar’ (poco hay de camuflaje en realidad) la reivindicación de la práctica pictórica y de su propia figura tras la apariencia de un magnífico retrato real, oculto a su vez tras una escena aparentemente casual, espontánea, de la vida en la corte. Sin embargo, como hemos comprobado, absolutamente nada es casual en Las Meninas.

Las Meninas es el resumen de una carrera, de una vida, de una profesión, de una ambición y de un talento sin límites: Velázquez fue capaz de conseguir la complicidad del rey en sus ansias por crear una obra que fuera el argumento definitivo de lo que Velázquez persiguió durante toda su vida: el reconocimiento general de la pintura no solo como oficio o labor artesanal, sino como labor intelectual. Desde su posición privilegiada como retratista real, Velázquez se rebeló contra la condición del artista como ‘copista’ o fotógrafo de la corte para adentrarse en el terreno de la interpretación personal del motivo y la percepción psicológica del retratado. Es por ello que hay retratos de Velázquez que nos cuentan muchísimo más sobre el retratado que la descripción más detallada que podamos encontrar en un texto de la época.

Sin embargo, ninguna de las elevadas aspiraciones e intenciones de carácter intelectual y estético ocultas o no tras la ejecución de esta obra, habría sido posible de reflejar sin el empleo de una técnica prodigiosa que marca la diferencia entre Velázquez y el resto y que casi pertenece al terreno de lo misterioso y lo místico. Como obra de arte, Las Meninas es la culminación de discurso y técnica, de tema y de su reflejo, de objetivo y meta y de su realización, de teoría y práctica. En cierto sentido, Las Meninas es una obra perfecta en su concepción y en su ejecución.

Dicho esto -qué a gusto nos hemos quedado- y remitiendo a cualquier libro de historia del arte que nos pueda explicar con mucho más detalle la obra, aquí va una recopilación de los detalles más curiosos e interesantes aportados durante este seminario caótico y que, para su mejor compresión, hemos separado en dos bloques principales: temática de la obra y detalles técnicos.

Tema.

Una de las preguntas que más juego ha dado y que a día de hoy no podemos estar seguros de estar respondiendo correctamente es: ¿qué estamos viendo en el cuadro?

Efectivamente, a primera vista y según la teoría más aceptada, parece que una escena normal de la vida en la corte: Velázquez está pintando un retrato de los reyes (reflejados en el espejo), mientras la infanta Margarita –de quien se dice que le gustaba entrar en el estudio de Velázquez para ver cómo pintaba- y su séquito son testigos de la escena. Es decir, que los reyes estaban en la habitación cuando el resto de gente entra. Sin embargo, hay algo que no queda del todo claro: ¿por qué parece que los que ya estaban ahí son los personajes que vemos en el grupo central y los que acaban de irrumpir en la habitación son los reyes? Varios personajes miran hacia nosotros como si hubiésemos interrumpido la escena, como si estuviesen distraídos hasta este momento en que los reyes atraen su atención e interrumpen los juegos y conversaciones que tenían lugar.

En cualquier caso, y asumiendo como cierta la teoría del espejo con los reyes reflejados y Velázquez pintándolos en el lienzo, no dejemos llevarnos demasiado por la fantasía y pensemos que por estar situados en el mismo lugar que los reyes, Velázquez quiera que nos convirtamos en ellos:

Aún así, merece la pena seguir explorando el juego de miradas:

Son precisamente las miradas que nos hacen pensar que estamos interrumpiendo algo. Además, el guardia de aposento, (‘el conserje’) al fondo al lado de la puerta, parece estar esperando a que los reyes atravesaran la habitación para cerrar la puerta tras ellos. Esto implica que si los reyes estaban de paso Velázquez estaba pintando otra cosa, pero ¿qué? ¿Podría ser que en realidad el guardia de aposento iba con la infanta Margarita y el resto y no con los reyes? Más que llegando a la habitación tras la infanta, parece que la esté abandonando en espera de los reyes. Diversas teorías han sugerido incluso que lo que se refleja en el espejo no son los reyes sino el lienzo que Velázquez está pintando de ellos. Estas teorías se basan en mediciones de perspectiva y leyes físicas que, la verdad, parecen bastante forzadas y que en cualquier caso no resuelven la duda de por qué parece que son los reyes los que interrumpen la escena más que los que ya estaban ahí cuando llega el resto.

En cualquier caso:

… no nos flipemos que al final nos estalla la cabeza.

Detalles técnicos.

Aquí sí que nos hemos emocionado. Sin rollos, pasemos a la chicha en formato metralleta.

Con la primera duda aprendimos algo nuevo:

Aquí una paja mental. I want to believe:

Y otras más:

Sobre el pelo:

Lo trabaja con colores más diluidos para conseguir efecto de veladuras, como de acuarela. Hace lo mismo con el encaje de los vestidos.

En cuanto a la figura principal -si es que hay alguna-, esto es interesante:

Velázquez sitúa a varios de sus retratados en un espacio neutro, con fondo y suelo del mismo color, de tal manera que parece que flotan. Es increíble como Velázquez construye el espacio a través de este truco:

Diego Velázquez, Pablo de Valladolid. 2,12 m x 1,25 m, 1636–1637

Diego Velázquez. 2,12 m x 1,25 m
Fecha de creación: 1636–1637

Otra cosa muy loca es el trabajo de los detalles de la ropa, que no podría ser más anárquico ni tener a la vez un efecto mejor: lejos de copiar minuciosamente, Velázquez arroja aquí y allá toques increíblemente sueltos pero precisos para lograr una representación del elemento que deja de ser pintura para ser realidad. La próxima vez que vayáis al Prado fijaos de cerca y de lejos y veréis la magia.

Aquí una pregunta sin resolver:

El espacio.

Merece mención aparte. Tremendos aportes aquí:

Es interesante fijarse en el juego de perspectivas, que no deja concentrarnos en un punto fijo de la habitación. Nuestros ojos no pueden fijarse en nada. Si bien Margarita recibe toda la luz, inmediatamente sus gestos nos ponen en contacto con las otras figuras, de tal modo que vamos recorriendo el cuadro a través de los personajes y de la posición que ocupan en el cuadro, en múltiples planos. Así Velázquez se asegura de que nos paseemos por cada metro de la habitación.

Habría que mirar entre los cojines de tu sofá.

Nos vemos destripando el próximo cuadro.

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